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Argentina: Los supermercados se suben al boom de las “papas” en tubo con productos propios

En la Argentina, el negocio de papas fritas movió $ 7400 millones en 2018. Carrefour lanzó a fines de febrero su propia versión del bocadillo.

Durante muchos años, Pringles reinó en soledad en el nicho de las papas en tubo, categoría que forjó su creadora Procter & Gamble. Sin embargo, en el último quinquenio, varios jugadores se sumaron a este sector en la Argentina para disputarle su concentrado liderazgo en este snack. Ante la ausencia de proveedores locales, debido a la falta de versatilidad de su línea productiva, las compañías tuvieron que explorar fuera del territorio argentino para abastecerse con fábricas desde Canadá hasta Paraguay.

“Para fin de año queremos llegar a ocupar el 30% del segmento”, apuntan desde Carrefour. La cadena de supermercados lanzó a fines de febrero su propia versión del bocadillo, debido a los constantes pedidos por parte de los clientes. “La idea surgió desde la Argentina, en base a un trabajo de escuchar la demanda”, aseguran.

Los supermercados fueron los encargados de sacar al mercado líneas más económicas de las papas apiladas, algunas hasta un 45% más baratas. La primera de ellas fue la española Día que lo desarrolló para todas sus filiales en 2016 y dos años más tarde hizo lo propio Jumbo, controlado por el holding chileno Cencosud. Mientras que las Pringles originales pueden llegar a costar hasta $ 145, dependiendo la cadena en la que se las compre, las versiones de marca propia no superan los $ 100.

En la Argentina, el negocio de papas fritas movió $ 7400 millones en 2018, según datos provistos por Nielsen. La consultora destaca que gran parte del crecimiento del consumo en la categoría – finalizó el año en 17,5 toneladas de papas fritas -, justamente, estuvo traccionado por las marcas propias de los supermercados, en particular, por los productos premium de tipo Tubo.

El químico estadounidense Fredric Baur fue el encargado de diseñar su peculiar forma aerodinámica y apilable a pedido de P&G. La multinacional había decidido lanzarse al rubro de las papas fritas a mediados de los 50 ante las quejas de los consumidores estadounidenses sobre la cantidad de chips rotos que encontraban en los clásicos paquetes. No obstante, el producto no debutó en el mercado hasta 1968, tras estar más de una década frenado.

Rápidamente fueron adoptadas por los consumidores en los Estados Unidos y en los 90 comenzó su desembarco internacional, con su consecuente llegada a las góndolas argentinas. Recién en 2003 apareció un rival de peso. Lanzadas por PepsiCo, principal player del sector de snacks salados en el país con un market share del 70%, para ganarle cuota de mercado, arribaron a la Argentina diez años más tarde. En 2012, la batalla de pesos pesados cambió de protagonistas, ya que Kellogg’s compró Pringles por u$s 2695 millones.

Aunque representa una pequeña porción dentro del sector papas fritas, el producto mueve millones en el país. El año pasado, Día vendió 6,5 millones de unidades entre los seis sabores de papas en tubo que comercializa, un 58% de crecimiento versus los números de 2017. “Para este año estimamos que crezca un 5% en volumen”, aseguran desde la firma.

El precio de cada tubo – el más grande es de 140 gramos – se ve influido por la necesidad de importarlo ante la falta de productores locales. “Es una línea productiva compleja, de gran tamaño, y que únicamente puede fabricar este tipo de snack. No puede hacer ni papas fritas comunes, ni galletitas, solo papas apiladas”,  asegura una fuente que conoce de primera mano el negocio.  Por caso, Kellogg’s estaría planeando invertir u$s 83 millones en una nueva línea de producción de su marca estrella en Polonia, según precisaron medios de aquel país.

Además de los abultados montos a desembolsar, otra de las variables que influye es la dimensión de las máquinas, que incluyen desde la unidad encargada de hacer una delgada plancha con la mezcla – mix de hojuelas de papa deshidratada, almidón y agua – hasta el rodillo en que les da su forma característica.

Canadá es uno de los principales proveedores de las compañías locales. Día eligió a Super Pufft Snacks para elaborar la versión de su marca propia, al igual que Jumbo que también encontró productor en el país norteamericano.

Aunque la mayoría de sus productos se elaboran en Mar del Plata, las Stax se importan desde Santiago de Chile donde las fabrica Evercrisp Snack – adquirida por el holding en 1993 -. “Se fabrican en el exterior porque se trata de una línea de producción específica”, explica Matías Nolazco, encargado de marketing de la marca. En tanto, Pringles históricamente siempre ha fabricado todas sus variedades en Jackson, Tennessee; mientras que su nueva versión “tortilla” llegada desde su planta belga en Malinas.

“Estamos buscando proveedor local, pero aún no lo encontramos. Cuando lo hagamos tendrá la prioridad”, expresan desde Carrefour. Por el momento, la cadena apostó por CMA Paraguay para llevar a cabo la producción. La compañía, sin embargo, está comandada por un argentino: Walter Maleh, emprendedor detrás de la marca de indumentaria Siamo Fuori. El año pasado se instaló en el Parque Industrial de Luque donde ocupa un depósito de 2000 metros cuadrados y produce unos 10.000 tubos por día.

Fuente: cronista.com

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