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Editorial Consorcio Papa Chile

Estimados Socios y productores:

Les escribo estas líneas con una profunda preocupación por la situación sanitaria que enfrenta la zona libre de plagas cuarentenarias y que año a año, en forma casi silenciosa, ha ido pasando de ser área efectivamente libre, a una situación en la que existen múltiples focos de dichas plagas que se encuentran “bajo control oficial” por parte del SAG.

En efecto si revisamos lo acontecido desde que aparecieron los primeros focos en la novena región, posteriormente el 2012 en la décima y desde hace ya unos tres años en la decimocuarta, vemos que lejos de detener el avance, hemos ido cediendo terreno y lo peor desarrollando una indiferencia y conformidad ante lo que consideramos como responsabilidad “de otros” o algo que nunca nos afectará a nosotros.

En este Boletín especial, hemos querido alertarles específicamente acerca de la gravedad de una de estas enfermedades, tal vez la más difícil de combatir, como es la Marchitéz Bacteriana, ya que por las características que tiene su diseminación es muy rápida, no existen variedades resistentes, usa múltiples vectores para transmitirse (semilla, agua, suelo, maquinaria, etc.) y tiene un alto periodo de latencia esperando las condiciones adecuadas para manifestarse.

Debemos tomar conciencia que a partir del primer foco detectado en la Region de Los Ríos, en San José de la Mariquina, hace pocos años atrás y en una pequeña superficie, hoy ya tenemos 5 predios detectados que representan 31,5 hectáreas, y lo más preocupante es que no se tiene real conciencia del peligro que esta representa. Es por ello que como Consorcio Papa Chile nos hemos propuesto una estrategia que consiste en trabajar cuatro frentes que creemos indispensables para enfrentar esta amenaza en particular, pero que se aplica perfectamente a todas las enfermedades cuarentenarias de la papa.

1.- Toma de conciencia.

Campaña de difusión con fuerte acento en el uso de material legal, sano y las medidas de higiene predial necesarias para prevenir la diseminación. Lograr que el productor sienta como suyo el problema y asuma la responsabilidad que tiene sobre este.

2.- Adecuación y modernización de la legislación.

Gestionar ante las autoridades pertinentes las adecuaciones necesarias de la ley y normativas vigentes, especificando claramente las responsabilidades que cada actor tiene en la prevención y en el manejo del cultivo, incluyendo el área sucia, ya que constituye una fuerte presión sobre lo que va quedando de área libre.

Aumentar las multas, penas y sanciones que hoy existen, ya que hoy no son proporcionales al daño potencial o realmente causado por el incumplimiento.

3.- Aumentar la Fiscalización en cantidad y rigurosidad, incluyendo no solamente a los productores, sino a la prestación de servicios, transporte y comercio. Sin fiscalización efectiva, la ley y normas son letra muerta.

4.- Promover y gestionar investigación y desarrollo sobre las potenciales amenazas y la forma de prevenir, y no solamente reaccionar sobre lo que ya nos afecta, ya que los tiempos de respuesta hacen que su efectividad sea seriamente afectada. Debemos tomar en cuenta que entre que se presenta un proyecto, se implementa y se obtienen los primeros resultados, transcurren al menos cinco años, plazo en el cuál una enfermedad como la que hoy enfrentamos ya resulta prácticamente incontrolable.

En conjunto con lo anteriormente expuesto, quiero llamarlos este inicio de temporada a ser responsables y tomar las precauciones necesarias para no ser un agente diseminador de estas dañinas enfermedades, ya que realmente el peligro que representan es incuantificable desde el punto de vista patrimonial y económico.

Les saluda cordialmente.

Luis Miquel A.

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