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El irresistible crujir de las papas chip

Hay alimentos que suenan. Piense en los copos del desayuno que crepitan o en los refrescos que burbujean. Esos sonidos han sido creados artificialmente por unos científicos que se llaman reólogos de la alimentación. Pero también los hay naturales, como los crujidos de una zanahoria o una manzana al morderlas. ¿Por qué crujen? Lo hacen porque están compuestos de células, diminutas bolsitas orgánicas, llenas de agua a alta presión que estallan al ser mordidas. Al romper la pared celular con el diente, microscópicos chorros de agua surgen de las células a una velocidad de más de 160 km/h. La suma de todas estas explosiones microscópicas genera ese sonido crujiente tan característico. De hecho, el producto estrella de los reólogos de la alimentación está basado en la forma natural de crujir de alimentos como la manzana, pero ha sido creado artificialmente: se trata de las famosas papas chips.

¿Por qué crujen las papas fritas?

Las papas chips no están formadas por células llenas de agua a presión como una manzana. Entonces ¿por qué crujen de ese modo tan estridente? Los ingenieros crean sus papas con infinidad de diminutas células artificiales llenas de aire a presión que remedan a las naturales con agua. Es un sistema parecido, a nivel microscópico, al plástico de burbujas para embalar objetos delicados. De hecho, ¡el 80% del volumen de las papas fritas es aire inyectado! Un negocio redondo.

¿Por qué combinan bien con las bebidas con burbujas?

Decidimos beber algo con las patatas… ¿Qué le viene a la cabeza? ¿Un refresco de cola? No es casual. Las grasas de las papas fritas, alrededor del 35% que no es aire, combinan magníficamente, según nuestros gustos más ancestrales, con el azúcar del refresco. Esa asociación la conocen y la explotan bien los reólogos y los publicistas. Al abrir la lata o la botella se produce otro sonido característico: parte del gas disuelto en el refresco surge en forma de cientos de burbujas que estallan. Un gas puede disolverse en un líquido como un azucarillo. La solubilidad de un líquido, la cantidad de gas disuelto que admite, crece con la presión. El interior de una lata o de una botella de bebida carbonatada está a mayor presión que el exterior. Cuando las abrimos, su presión disminuye de forma brusca y con ella la solubilidad de la bebida. Parte del gas deja de estar disuelto convirtiéndose en burbujas que se dirigen raudas hacia el exterior del líquido, donde estallan produciendo ese “chisssssssssss…”.

Pero el sonido no es el principal atractivo de las bebidas gasificadas. El nervio trigémino presenta terminaciones en los dientes, las mandíbulas, el esófago… Cuando bebemos nuestro refresco, cientos de burbujas golpean este nervio produciéndonos dolor. Y no es un dolor molesto, sino placentero, valga la contradicción. De hecho, los refrescos gasificados apelan a nuestro masoquismo y, en vista de las ventas, con gran éxito.

¿Por qué son tan grandes las papas fritas?

Ahora imagine que extrae una papa de la bolsa y se la lleva a la boca. ¿Puede comérsela de un solo mordisco? El tamaño es excesivo… ¿Por qué son tan grandes? Los crujidos son ruidos de alta frecuencia, agudos. Cuando la boca está cerrada y mastican las muelas, ningún ruido de alta frecuencia proveniente de un crujido logra alcanzar los oídos. De modo que, con el tamaño, aseguran que no nos metamos la papa entera en la boca… Para potenciar el crujido de la papa frita, su ‘diseño’ nos obliga sutilmente a partirlas primero con los incisivos y poder comerlas. Así, el sonido de alta frecuencia del crujido escapa de nuestra cavidad bucal rodea nuestra cara y alcanza los oídos. ¡No me digan que el truco no es genial!

Fuente: El Heraldo

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