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ESPAÑA ESTÁ CAMBIANDO LA PAPA NUEVA POR LA VIEJA FRANCESA

El Ministerio de Agricultura está realizando una campaña de publicidad en favor de la papa ‘nueva’ española.
La Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderas (COAG) ha facilitado algunos datos que ilustran la mala evolución de la papa temprana, la que se siembra en las regiones mediterráneas en invierno o principio de primavera, según la meteorología de cada zona, y se recolecta entre abril y junio. Los precios no paran de caer en las áreas productoras de Valencia, Alicante, Andalucía y Extremadura y han llegado a tocar mínimos de tan solo 8 céntimos por kilo, por debajo de los costes de cultivo, y no es previsible que las cosas mejoren porque en pocas semanas empezará a incorporarse al mercado el grueso de la oferta nacional, con las patatas de temporada de Castilla y León y La Rioja.
Cabría pensar que caen los precios por un exceso de producción, como ocurre a veces, pero en este caso no es así. La superficie de siembra de papas se ha reducido en España un 26% en los últimos diez años, según COAG, que aporta datos del propio ministerio. En 2004 se sembraron 102.120 hectáreas, mientras que en la presente campaña han sido únicamente 73.158.
El origen del problema es doble. Por un lado se está registrando un proceso de sustitución en el mercado español. Las papas ‘nuevas’, recién recolectadas, que son indudablemente las de mayor calidad por su frescura, están siendo reemplazadas por papas ‘viejas’ de importación, que han permanecido normalmente más de seis meses en cámaras frigoríficas y han sido tratadas con sustancias químicas con el fin de que no germinen y mantengan su aspecto ‘entero’, para que cuando salgan a la venta puedan aparentar la frescura que ya no tienen.
La segunda parte del problema viene inducida por la primera: como la calidad de la papa que permanece mayoritariamente a la venta todo el año no es la más adecuada y decepciona a los ciudadanos, esto se traduce en una caída del consumo de patatas, que COAG cifra en un 12%.
En resumen: caída del cultivo de papas en España y aumento de las importaciones para concluir en un hundimiento del consumo.
Las papas importadas son de diversa procedencia, pero destacan las de Holanda y sobre todo las de Francia. COAG señala como responsables del desconcierto a las cadenas de distribución comercial, que en gran medida son de capital francés, por lo que cabe pensar que existen intereses cruzados. Luego, para los comercializadores que no se basan en capital foráneo ni tienen el imperativo de colocar cosechas propias de patatas extranjeras, lo que acaba funcionando es el mimetismo y la comodidad. Les basta si cuentan con un aprovisionamiento constante de género igualado, aparente y a precio contenido. La calidad es lo de menos. O no, por lo que se está viendo. Pero campa la confusión.
Desde algunas partes del sector afirman que entre las prácticas al uso está la de lavar a fondo las papas viejas para quitarles la parte de piel envejecida y darles un aspecto como si estuvieran recién cosechadas. También apuntan a la desinformación de los consumidores, que terminan por no volver a comprar papa.
Fuente: http://www.freshplaza.es/article/90507/Espa%C3%B1a-est%C3%A1-cambiando-la-patata-nueva-por-la-vieja-francesa

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