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LAS OPORTUNIDADES DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS PARA UNA AGRICULTURA 3.0

Un artículo de The New York Times plantea que la utilización de imágenes satelitales, información climática y sensores digitales recién comienza a incorporarse, pero a futuro marcará un nuevo escenario para el sector, permitiendo aumentar la productividad de los cultivos a nivel mundial.


La llamada “internet de las cosas” -concepto que apunta a la idea de un mundo lleno de sensores inteligentes- ocupa una parte central del último informe de la consultora Gartner (líder mundial en la investigación de tecnologías) y un reporte del McKinsey Global Institute también muestra que esas tecnologías tienen un potencial de multiplicar su valor a futuro.

Hace dos semanas, en un foro organizado por la National Science Foundation y el National Consortium for Data Science en San José, California, se reunieron académicos, representantes del gobierno y de empresas de tecnología para analizar los temas técnicos y políticos que se deben abordar si se quiere transformar a la “internet de las cosas” en una realidad. Estuvieron trabajando en desarrollar una agenda de investigación para avanzar en desafíos como la seguridad, privacidad y estándares de calidad. De hecho, un ejemplo de la preocupación por la seguridad se produjo hace apenas algunas semanas, cuando Fiat Chrysler llamó a 1,4 millones de vehículos después de que dos investigadores hackearan un jeep Cherokee, mostrando cómo podrían manejar por vía remota su motor, frenos y dirección.

Sin embargo, el encuentro en Silicon Valley también destacó el potencial de las soluciones que puede traer la “internet de las cosas” para algunas necesidades. El fundador de la start-up de tecnología agrícola OnFarm Systems, Lance Donny, hizo una presentación en la que mostró la historia de la agricultura, donde también asegura que los sensores de bajo costo, los programas inteligentes y el almacenamiento de información en la nube tienen el potencial de transformar la agricultura y ayudar a alimentar al volumen creciente de población mundial.

Lance Donny dividió al progreso de la agricultura en tres niveles. El primero, la agricultura preindustrial, hasta los años 20, basada en una agricultura de subsistencia, donde se necesitaba casi una hectárea para alimentar a una persona. En el segundo nivel, la agricultura industrial, entre los años 1920 y 2010, donde los tractores y rotación de cultivos, el uso de los fertilizantes y el desarrollo de nuevas semillas abrieron la puerta a la agricultura extensiva y comercial. Con eso, la tierra ganó en productividad y para alimentar a cinco personas se necesita solo media hectárea.

Pero también describe un tercer nivel, al que denomina Ag 3.0, el que estaría recién formándose y que implica utilizar información desde distintas fuentes, como los sensores de los equipos de trabajo y las plantas, las imágenes satelitales y el monitoreo climático. En un futuro cercano, dice, el uso del agua y de los fertilizantes estará medido y monitoreado en detalle, en algunos casos planta por planta.

Los fondos de capitales de riesgo parecen compartir su optimismo frente a esta nueva era. En la primera mitad de este año, la inversión de esos capitales en las llamadas
“agtech start-ups” alcanzó los US$ 2.068 millones, en 228 acuerdos, según un estudio de la plataforma de crowdfunding para tecnologías agrícolas AgFunder. La cifra del primer semestre casi llegó al récord de US$ 2.360 millones del mismo período de 2014.

Lance Donny, quien creció en una familia de agricultores en Fresno dedicada a la producción de uva de mesa, dice que la aproximación a los datos para la toma de decisiones representa una ruptura fuerte con la tradición agrícola: “Es un mundo totalmente distinto al de caminar por el campo, patear la tierra y tomar una decisión basada en la intuición”.

Los beneficios de utilizar los datos serían el de mayor productividad y uso más eficiente de la tierra, agua y fertilizantes. Pero también Donny plantea que será un aporte para satisfacer la creciente demanda por mayor transparencia en la producción, ya que los consumidores cada vez más quieren saber de dónde proviene su comida, cuánta agua y agroquímicos se usaron para producirla y cómo y cuándo se cosechó. “La información es la única manera para poder responder a esto”, planteó en su presentación.

En Estados Unidos, las mayores compañías del sector están invirtiendo grandes cifras en posicionarse como líderes en la agricultura de datos. Por ejemplo, John Deere quiere transformar a sus tractores en un centro de control de datos en el campo, y Monsanto compró en 2013, en US$ 930 millones, la empresa Climate Corporation, dedicada al análisis de datos meteorológicos.

Y los agricultores norteamericanos están incorporando estas tecnologías, aunque a veces con cautela. Por eso, el uso más interesante de estas nuevas tecnologías podría darse fuera de Estados Unidos. Para el año 2050, se espera que la población mundial alcance los nueve mil millones de personas, frente a los 7.300 millones que existen hoy. Cada vez más gente ingresará a la clase media, especialmente en China e India, y adoptarán los hábitos de ese grupo social, como consumir más carne, que requiere más producción de granos.

Para cerrar esa brecha alimentaria, la productividad agrícola mundial tiene que pasar desde los 3,7 toneladas de grano por hectárea actuales a 6,2 toneladas para el año 2050, asegura Lance Donny, en un contexto en el que la productividad de Estados Unidos ya está por encima de ese nivel, en un promedio de 6,8 toneladas por hectárea.

“Pero no se puede tomar el modelo de Estados Unidos y transportarlo al resto del mundo”, plantea Donny, ya que es una agricultura con altas inversiones y a gran escala, con un tamaño promedio de 1.100 hectáreas por predio, mientras que en África es de cinco hectáreas. “El resto del mundo tiene que mejorar su productividad con la información”, dice.

El que los sensores bajen de precio ayudará, afirma Lance Donny, pero cree que ocurrirá lo mismo con las cada vez más sofisticadas imágenes satelitales, por lo que no se necesitará de maquinarias pesadas ni de grandes extensiones para utilizar las tecnologías. “Mayores rendimientos y menos desperdicios es algo que se podrá conseguir al obtener mejor información sobre el clima, las condiciones del sueño y conociendo las demandas del mercado para cultivos específicos, todo a través del teléfono”, dice.

Y añade que, con eso, los productores “podrán evitar comprarse la cosechadora y, en vez de eso, empezarán a confiar en sistemas como Watson”, refiriéndose a un servicio en la nube de preguntas y respuestas de la empresa IBM.

6,2 toneladas de grano por ha debe alcanzar la productividad mundial en 2050.

US$ 2.068 millones se invirtieron el primer semestre en start-up agrícolas en Estados Unidos.

John Deere quiere transformar a sus tractores en un centro de datos en el campo.

 

 

Fuente: http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=170652

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