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Papas: una temporada marcada por la crisis sanitaria

En tiempos de crisis, la papa ha salvado a la humanidad de hambrunas y ha permitido poblaciones saludables y más numerosas, no en vano es un producto tan apreciado por los países que han pasado por guerras e inclemencias climáticas. En Chile, sin embargo, -sostiene Luis Miquel-, gerente general del Consorcio Papa Chile, no se le ha dado el rol social que merece.

“Se le ha acusado de ser un producto que engorda o no es sano en nuestra dieta, muy al contrario de lo que piensan investigadores realmente especializados que ven en la papa un alimento con excelentes cualidades, tanto en su composición, como en su aporte nutricional, al producir saciedad por mayor tiempo y entregar su energía en forma gradual una vez consumida”, dice.

En esta línea, agrega, Miquel “hace mucha falta revalorizar este alimento tan nuestro y enseñarle a la población a consumirlo en forma sana y con diferentes alternativas, no sólo como una guarnición o acompañamiento”.

El consumo de papa en Chile ha estado en torno a los 50 kg/habitante al año. Mientras que en países desarrollados, el consumo percápita puede superar los 70 kg/hab al año, como es el caso de Holanda, Bélgica y el Reino Unido. En Rusia supera los 100 kg/hab al año. En tanto en Latinoamérica, el mayor consumo per cápita ocurre en Perú, con cerca de 80 kg/hab. al año.

Manuel Muñoz, ingeniero agrónomo Ph. D., jefe del Programa de Mejoramiento Genético de Papa de Inia, sostiene que se trata de un alimento denso, rico en almidón, cuya función principal es ser fuente de energía y es base de la alimentación mundial, junto al trigo, el arroz y el maíz.

“Por ello siempre se debe pensar en producirlo con más eficiencia, en cantidad y calidad. De igual forma, la población, los consumidores, tienen mucho que decir y se debe estar atento a las tendencias del mercado y las necesidades de la gente”, recalca el investigador.

BUENOS RENDIMIENTOS

La cosecha en Chile se desarrolla en plena crisis sanitaria, pese a esto los productores no han enfrentado mayores contratiempos. Sólo algunos puntos críticos en las plantas de procesos y en la distribución de la producción a raíz de las cuarentenas decretadas a lo largo del país.

A la hora de las evaluaciones, el gerente del Consorcio Papa Chile, confirma que se trata de una buena temporada en cuanto a los rendimientos, gracias a las excelentes condiciones climáticas en la zona predominantemente papera, lo que ha permitido mantener los niveles de producción con menores superficies.

Hace una década (temporada 2009/2010), la superficie total sembrada de este tubérculo alcanzaba las 50.771 ha con un producción de 1.081.349 toneladas y un rendimiento de 21,3 ton/ha. En la actualidad, la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias, proyectó -con la superficie de la encuesta de siembra de 2019/20 y el promedio del rendimiento regional de las últimas dos temporadas- 44.145 ha sembradas con una producción de 1.271.575 ton y un rendimiento promedio de 28,8 ton/ha.

Los Lagos es la que presenta los mejores resultados con rendimientos por sobre el promedio nacional. Para la temporada pasada alcanzó las 43,7 ton/ha y se proyectó una cifra similar para esta campaña.

“La región de Los Lagos, así como la región de los Ríos, presentan condiciones agroclimáticas muy favorables para el cultivo de la papa, tanto por las horas de luz que tiene en verano, como por la diferencia de temperaturas entre el día y la noche, asimismo como la disponibilidad de agua lluvia y de riego, además de la fertilidad de sus suelos, sin olvidar la alta experiencia que tienen nuestros productores”, comenta Luis Miquel.

En cuanto a precios, Odepa constató una alza en los mayoristas a fines de marzo como consecuencia de la alta demanda a raíz de la crisis sanitaria, una posterior tendencia a la baja y retorno a la estabilidad a fines de abril en torno a los seis y siete mil pesos el saco o malla de 25 kilos.

El precio promedio ponderado mensual de la papa en los mercados mayoristas en abril de 2020 fue $6.920 por saco de 25 kilos, valor 7,6% más bajo que marzo y 18,9% más alto que abril de 2019.

Al respecto, el gerente del Consorcio Papa Chile asegura que los precios de este producto se han visto afectados a la baja por el menor consumo. Si bien, este tubérculo es uno de los alimentos con mayor ponderación en la encuesta de presupuesto familiar que realiza INE, con la cual se construye la canasta de productos para medir mensualmente el IPC, se evidenció una caída en la demanda en el país a nivel de las Cadena Horeca (Hoteles, restaurantes y casinos). Sin embargo, Miquel, apela a que se trate de una situación transitoria.

“Esperamos que se regularicen paulatinamente a medida que retorne la normalidad, sobre todo tomando en cuenta la importancia que tiene la papa como alimento en los momentos más difíciles”, recalca.

Este año la producción nacional de papas abastecería normalmente al mercado nacional. Odepa, a través de la publicación “La papa en tiempos del coronavirus” elaborado por Bernabé Tapia Cruz aclara que la estacionalidad en la producción es un factor que, como normalmente ocurre, puede provocar una tendencia al alza de los precios en primavera, cuando disminuya el stock de guarda y se inicie la cosecha de papa temprana.

DESAFÍOS

El área libre de plagas cuarentenarias se extiende entre la Provincia de Arauco en la Región del Bío-Bío y las regiones de la Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Aysén y Magallanes.

En esta zona se concentra más del 60% de la superficie destinada en Chile a este cultivo, además se destaca por los buenos rendimientos y la calidad del producto. Por ello, mantener esta posición libre de enfermedades es uno de los desafíos.

A esto se suma el lograr dar valor agregado a la producción. “No podemos seguir aumentando la eficiencia y tecnologización solamente en la fase productiva, necesitamos ir un paso más allá y competir mano a mano con los productos procesados de papa que nos llegan casi en su totalidad del extranjero”, advierte Miquel.

La crisis sanitaria que actualmente enfrenta Chile y el mundo también deja nuevas tareas, la primera de ellas, sostiene el investigador Manuel Muñoz, es mantenerse operativo en este escenario, porque el abastecimiento del mercado interno de papa fresca depende en gran parte de la producción nacional.

“En los últimos años se estuvo importando papa procesada desde Bélgica, pero aún así, la mayor parte del mercado interno se abastece de la producción nacional y por ello, la capacidad de producir en tiempos de pandemia es importante para la seguridad alimentaria del país, además de la propia estabilidad de quienes están vinculados al rubro”, explica.

Los productores que practican el cultivo de la papa son muy heterogéneos, desde agricultores que manejan muy pequeñas superficies del segmento de la agricultura familiar campesina, con poco acceso a tecnología, hasta agricultores especializados con mucha tecnología que manejan grandes superficies.

En este sentido, el investigador recalca, que puede haber muchas familias vulnerables, cuya fuerza de trabajo depende de la propia familia, y obviamente, si su salud es afectada, se verán disminuidas sus producciones.

“A mi juicio, hasta ahora la pandemia ha afectado poco al rubro de la papa, porque el grueso de las cosechas se realizó en marzo-abril, cuando esto estaba empezando en Chile. Mientras los productores y empresas del rubro puedan operar guardando el distanciamiento social y las medidas de higiene la operatividad puede afectarse poco”, dice.

Algo importante a considerar -afirma Muñoz- será el escenario que ocurra después del invierno, en septiembre, cuando en el sur de Chile se desarrolle la plantación de papas, cuando sea necesario mover maquinaria y recursos humanos para preparar suelo, plantar y manejar el cultivo. “Si la pandemia aún no está superada para esa fecha, puede afectarse la superficie plantada”.

Otro desafío, plantea Manuel Muñoz, será el impacto de la pandemia en la economía global. “Que pasará con los precios de venta y con el costo de los insumos, con el mercado, con la demanda? Hoy en Europa ha habido un verdadero drama con la cadena de valor de los productos procesados de papa congelados (papas prefritas congeladas, por ejemplo). La caída de la actividad de restaurantes y del turismo disminuyó el consumo de productos de papa procesados congelados en Europa”, dice.

El investigador agrega que: “millones de toneladas de papa no serán procesadas este año creando una situación financiera muy difícil para los productores y plantas procesadoras de Europa. La pandemia está llena de incertidumbre”, concluye.

COMERCIO INTERNACIONAL

Chile importa alrededor del 24% de su demanda de papas, especialmente se trata de productos procesados (preparados congelados, preparados sin congelar, puré, almidón, harina). El principal socio comercial es Bélgica, le sigue Países Bajos y Argentina.

En las últimas décadas nuestro país también ha logrado exportar parte de su producción, aunque en un número bastante menor si se compara con las importaciones.

El 95% de los envíos al extranjero proviene de la región de Los Ríos. Brasil, de acuerdo a los datos de 2019, es el principal cliente, especialmente de papa semilla y para consumo fresco. Sin embargo, en este último ítem se registra una caída de un 62,1% (en el periodo enero-abril de 2019 se exportaron 470.500 kilos y en el mismo periodo de 2020 se comercializaron 178.200 kilos a Brasil).

“La balanza comercial de la papa nos es altamente desfavorable, basta ver las cifras de Odepa;sin embargo hay productores, tanto de semilla como de papa para consumo, que logran exportar productos de muy buena calidad y hay que felicitarlos y estimularlos”, precisa Luis Miquel.

Por otra parte -recalca que- si realmente se quiere exportar grandes volúmenes la forma de hacerlo es a través de papa procesada.

“Chile tiene las condiciones y los productores para hacerlo competitivamente, solamente falta el estímulo correcto para invertir en la industria que posibilite ese desarrollo. No podemos seguir siendo solo productores de materia prima y commodities, debemos dar el paso siguiente, ya que de no ser así quedamos expuestos a enormes riesgos con nuestro potencial de producción que es alto”.

INVESTIGACIÓN

El cambio climático ha obligado a generar variedades de papa que aprovechen mejor los nutrientes y el agua, que resistan el ataque de enfermedades para disminuir la utilización de agroquímicos y además el mercado está demandando alimentos sanos, de distintas formas, colores y con propiedades saludables,

“Es muy importante adelantarse a los problemas, no centrar la investigación en las situaciones que ya nos están afectando, eso es llegar tarde, considerando que una investigación para obtener resultados tangibles requiere entre tres y cinco años. Hay enfermedades y plagas que vienen avanzando y que deben ser vistas como una amenaza real y no como algo improbable. Esa actitud nos ha pasado la cuenta en innumerables ocasiones”, explica Luis Miquel.

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias, Inia, consciente de este escenario está trabajando para hacerle frente. Al respecto, Manuel Muñoz, recalca que el cambio climático provocará disminución en la disponibilidad de agua, alzas de temperaturas promedio, cambios en las dinámicas poblacionales de patógenos y plagas, el desplazamiento de enfermedades, entre otros efectos.

“Todos estos aspectos deberán ser superados y para ello se requiere investigar estos temas. Por otro lado, se requiere también satisfacer las necesidades del consumidor, en aspectos de nutrición, alimentación, procesamiento y valor agregado para que el cultivo de papa sea competitivo, esté acorde a las tendencias del mercado y otorgue beneficios a los agricultores y a consumidores”, sostiene.

Inia ha generado 13 variedades en su historia, todas ellas con altos rendimientos, menos demandantes de insumos y en lo posible resistentes a enfermedades. Una de estas es Patagonia-Inia liberada en 2009 y hoy la variedad de Inia comercialmente más utilizada para el mercado para consumo fresco.

En Los Ríos también se está trabajando en torno a este rubro. Investigadores de la Universidad Austral de Chile, a través de la Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias con apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) están desarrollando el proyecto “Evaluación de líneas mejoradas de papas nativas (patrimonio fitogenético nacional) adaptadas a nuevas condiciones de estrés hídrico y térmico con una mayor valorización comercial del producto”.

Ya se han realizado ensayos de campo en diferentes localidades, tanto en la UACh como en campos de agricultores asociados al Consorcio Papa Chile. “Los ensayos buscan evaluar el comportamiento agronómico de las nuevas líneas y su adaptación a diferentes condiciones de clima y suelo, con el objetivo de seleccionar los materiales más resistentes al cambio climático global. Este proyecto no se enfoca solo en el efecto sobre el rendimiento sino en cómo el clima afectará las propiedades nutricionales y saludables, que pueden ofrecer estas nuevas variedades”, indica la directora del proyecto, la doctora Carolina Lizana, académica del Instituto de Producción y Sanidad Vegetal (IPSV).

Fuente: Campo Sureño

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